Vida práctica: Las habilidades de la vida diaria
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Vida práctica: Las habilidades de la vida diaria

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Como todo padre de familia sabe, el niño en la infancia desea estar con los adultos, quiere participar en las actividades de la vida diaria adulta.
Los materiales Montessori de la vida práctica, le permiten hacer precisamente esto. Cuando un niño ingresa a los 3 años de edad en un colegio Montessori, el área de vida práctica provee el enlace entre la casa y la escuela. En el aula, a través de la adecuación de los materiales al tamaño de los niños, ellos son capaces de llevar a cabo las mismas actividades que ha visto realizar a los adultos: barrer, fregar, vaciar, limpiar el polvo. No hay prisa, y hay un adulto que no interfiere pero que está cerca en caso de necesitar ayuda. Un niño de tres años está por supuesto interesado en los movimientos que le facilitan el desarrollo del control motor grueso y la coordinación viso-motora, esos movimientos le ayudarán sucesivamente a llevar a cabo tareas de mayor precisión. En el área de Vida Práctica existen seis grupos diferentes de ejercicios: - Ejercicios Preliminares (abrir y cerrar, vaciar, verter, transportar, mover, doblar, etc.) - Cuidado de la Persona (abotonar, abrochar una cremallera, peinarse, doblar lazos, etc.) - Cuidado del Ambiente (lavar la mesa, barrer, cuidar el jardín, encerar una mesa, limpiar los zapatos, etc.) - Desarrollo de las Relaciones Sociales (saludar, servir, aceptar, disculparse, agradecer, etc. “Gracia y Cortesía”. - Movimiento (equilibrio, “caminar en la línea, juego del silencio, etc.) - Expresión Artística (pintar, recortar, coser, tejer, cortar, modelado, dibujar, etc.) Muchas veces es difícil para los adultos apreciar la sensación de logro y orgullo que tienen los niños al dominar una habilidad de vida práctica. Para el adulto, el cuidado de la casa y del cuerpo son tareas necesarias. Sin embargo, al niño pequeño le atraen estas actividades por motivos muy diversos. Son significativas, creativas, llenas de intrincados movimientos y logros que mantienen la atención infantil. Se comprenden fácilmente de principio a fin; constan de movimientos fáciles de imitar; son atractivas a la voluntad del niño; conducen a una mayor destreza física, perfección de movimiento y concentración. El niño pequeño es atraído a los ejercicios de vida práctica debido a que estas actividades le permiten funcionar de manera independiente en el mundo adulto. Después de aprender como abotonar su saco, amarrar sus zapatos, y lavarse las manos, espontáneamente repite los ejercicios, tratando de dominarlos, libre de la intervención innecesaria del adulto. Estos ejercicios corresponden en el niño, al período sensitivo de refinamiento del movimiento y la coordinación así como a su creciente sensación de independencia. “yo puedo hacerlo por mí mismo”, es el lema del niño pequeño, y María Montessori promueve y fomenta esta independencia.
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