Los adultos en el mundo del niño: padres y maestros

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María Montessori creía firmemente que los padres juegan un papel crítico en la educación de sus hijos.
La educación se inicia con los progenitores, en el hogar, al momento de nacer. Los padres son los primeros maestros y los de mayor influencia. Nadie conoce y cuida a su hijo tan bien como tú. La palabra educar proviene de la raíz latina “guiar”. Como padre tienes la oportunidad única de guiar a tu hijo a intereses y actividades que le son significativas y satisfactorias a ambos: pasatiempos, búsquedas intelectuales, valores espirituales, aprecio cultural y ambiental. Tú, como el primer maestro, eres la influencia más significativa en la mente absorbente de tu pequeño hijo. La escuela Montessori es una extensión natural de tu hogar. Esta es la razón por la cual las escuelas Montessori estimulan a los padres a involucrarse en las actividades de la escuela como juntas de orientación, clases abiertas, grupos de discusión, observaciones, y reuniones con los maestros para entrega de reportes. El Educador Montessori El Guía Montessori es en el sentido más profundo un abogado del niño que respeta al ser en su totalidad. Dado que la educación Montessori se basa en la motivación interna del niño, el papel del Guía es trabajar con esta motivación de manera que aumente el proceso de auto-creación del niño. El Guía Montessori hace esto a través de una capacidad de observación cuidadosamente entrenada, así como del conocimiento de lo que el niño verdaderamente necesita. El Guía Montessori cree en los poderes del niño individual, el cual desea hacer las cosas y actuar por sí mismo. El niño por lo tanto elige la actividad y marca el paso. El Guía entrenado conoce las necesidades del desarrollo de los niños y prepara y mantiene el ambiente con una atmósfera de tranquilidad y orden, cordialidad, cuidado, sensibilidad y gozo. Un Guía Montessori nunca interfiere o corrige innecesariamente. Una vez que ha presentado el material, invita al niño a usarlo de la misma manera. Si el niño muestra por sus respuestas que es capaz de usar el material, el maestro sabe que lo presentó en el momento adecuado. Si el niño muestra que el Guía ha juzgado mal el momento de introducción, sugiere que guarden el material para otro día. No hay corrección ni desdeño. A un niño nunca se le hace sentir “estúpido” o “tonto”. Un Guía Montessori quiere que sus alumnos tengan éxito, y sabe que para que esto suceda, debe seguir a los niños y no buscar que lo sigan a él.
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